Es un tópico muy típico eso de declarar como deporte nacional de esta nuestra Madre Patria el noble y bello arte de la crítica y la opinión desfavorable, relacionándolo con el que llaman sentimiento nacional: la envidia, y el vicio por excelencia de los españolitos: el tiempo libre.
Para quien me conozca o me lea por Tuitis creo que está bastante claro, probablemente el menda sea el mayor criticón de la Historia de la Humanidad. (Curiosamente, en este blog no tengo prácticamente ningún artículo crítico. Bueno, en realidad no tengo prácticamente de nada.) Me gusta opinar de todo lo que pillo, sacarle las cosas buenas y, cómo no, también las malas. Y además me divierto con ello. No hay nada más excitante para mí que una discusión en la que hay que poner verde a algo o a alguien. Sobre todo si hay pocos miramientos y buenos sarcasmos de por medio.
Pero claro, si hago esto es por lo de siempre: soy un perdedor frustrado que dedica su tiempo libre a criticar a los demás y a las cosas de los demás porque se muere de envidia al no puede hacer con él nada mejor. Las cuatro primeras palabras son una realidad innegable, pero por lo demás, pues no, tíos, estáis equivocados. Para empezar, para criticar no hace falta tiempo libre. Personalmente me gusta bastante condensar toda mi opinión en una sola frase, que normalmente cabe en los 140 caracteres del Tuitis (y alternativas no clónicas ligeramente inspiradas en ese como en otros muchos proyectos pero en el que lo principal es su impresionante innovación y originalidad). Y creo que salta a la vista que para pulsar 141 teclas hace falta ser bastante lento como para llenar todo tu tiempo libre, o disponer de realmente poco de él. Para seguir, muchas cosas de las que critico no las podría hacer yo, cierto, otras sí, pero es que es irrelevante, las opiniones deberían ser (y en mi caso lo son) indeferentes a nuestra capacidad de hacerlas. Eso del «pues hazlo tú» está bien para el patio de parvulito, pero a eso de 2º de Primaria empieza a quedar un poco obsoleto. Y para seguir siguiendo, no, no tengo envidia de vuestros «éxitos». Yo envidio a Bill Gates y a su pasta, a Bush y a su poder, a Hawkings y su inteligencia, a Sifredi y su… ejem. </modo juankiblog>. Pero la mayoría de vuestras hazañas no me causan envidia, y si me la causan, no creo para nada que sea un mal sentimiento: es simplemente desear lo que tiene otro, de una forma bastante obvia: yo quiero dinero, éxito y todo el rollo, como todo el mundo. No quiero los tuyos, no quiero quitártelos ni te odio por tenerlos; quiero tenerlos yo también.
Es más, le voy a dar la vuelta a la tortilla. Las críticas son buenas. Yo, cuando todavía hacía mis cosas, lo primero que pedía a todo el mundo eran opiniones, sobre todo negativas, de hecho me cabreaba cuando no me decían nada malo y se limitaban a «jejé, está bien, tiene buena pinta, sigue con ello» cuando yo lo que quería era ver qué faltaba para ponerlo, o saberlo al menos. Nunca me ha molestado, al contrario. Del mismo modo, creo que para todos los proyectos las críticas son positivas, y más allá del lameculismo es lo mejor que se puede ofrecer a un proyecto desde fuera (ojo, toda clase de críticas fundadas, eso de constructivas es una chorrada utópica que se han inventado para limitar las críticas al nulo), aunque sean muy negativas, incluso crueles, y no ofrezcan soluciones (eso es problema del desarrollador). Y, sobre todo, más que ser nosotros unos envidiosos asquerosos, lo que pasa es que los que se ofenden por las críticas tienen un ego tan gordo que no se ven los pinreles y prefieren vivir en su mundo de autosatisfacción que en el real donde su producto es susceptible de recibir críticas duras.
Otro tema es el de los «logros». Criticar un éxito es firmar definitivamente tu declaración de envidioso asqueroso. Yo, como muchos, me quedo muchas veces flipando con el bombo que se le da a una persona, un proyecto o lo que sea (hype, que se llama) cuando realmente no lo merece. Es algo que pasa a menudo, por desgracia la injusticia es lo más común por nuestro planeta y cantidad de mediocres triunfan donde los que valen quedan en la sombra. Pero criticar motivos de éxito es aún peor que criticar cualidades: la persona se siente mucho más atacada y prefiere creer a toda costa que merece todo lo que ha ganado por métodos poco justos, aunque si se parara a analizarlo se daría cuenta de que no es así. Doblepensar, que se llama. Yo siempre he rehuido de méritos atribuidos sin merecerlos, siempre he rechazado la alabanza gratuita y siempre he dado la importancia que tienen a mis (pseudo) éxitos.
El problema aquí no es que la gente critique, es que no saben aceptar las críticas como lo que son: una expresión de la realidad. Y la realidad, queridas hormigas, siempre es buena, siempre. La técnica avestruz, el esconderse de la verdad, no debería ser el camino correcto. Pero parece ser que es lo que está mejor visto en nuestra horrible sociedad, aun siendo lo más infantil y vacío. Lástima, un mundo humilde y autocrítico sería un lugar más soportable para todos.
Por supuesto, también existen los que critican con ánimo dañino, tachando todo de malo o generalizando sin argumentos, y también los que envidian con malos deseos y con odio, pero no son todos, ni siquiera la mayoría. Son igual de despreciables que los que pretenden ser intocables, o sólo tocables con muchos protocolos y limitaciones. Pero generalizar por ellos a todos los críticos es simplemente ir a lo más cómodo, como sería declarar pederastas a toda la curia o de maltratadores a todos los hombres.
Por todo esto, declaro oficialmente que el deporte nacional no es la crítica malintencionada, sino el autobombo y la egolatría; que el sentimiento nacional no es la envidia dañina, sino el orgullo y la autocomplacencia; y que el vicio nacional no es el exceso de tiempo libre, sino la censura social y la hipocresía buenrollista. Y así vamos.
Finales de junio, año 1
PERSONA.— Hay que ver qué raro, las 10 y todavía es de día.
Finales de junio, año 2
PERSONA.— Sí, es que ahora el tiempo es muy raro, a las 10 es de día todavía.
Finales de junio, año 3
PERSONA.— ¿Has visto las 10 y de día todavía?
Finales de junio, año 4
PERSONA.— Es que esto es una barbaridad, son las 10 y todavía es de día.
Y así sucesivamente. En serio, ¿nuestras señoras y veteranas madres todavia no se han dado cuenta de que todos los años es igual?
Es algo muy propio de la actitud dospuntocérica pretender que Internet sea un medio en el que las personas no sean personas, sino simples cerebros que se transmiten información. De esta forma, estás en un foro porque la gente que está en él te interesa (son inteligentes, hábiles, graciosos, etc.), y no porque sean personas en sí, con las que puedes tener alguna relación de amistad más allá del cómo hago esto, OK, gracias; las relaciones sociales de verdad te las guardas para la vida «física», en la que puedes ver y oír a una persona sin tener monitores ni cables por medio.
Digo que es dospuntocérica porque por norma general esto antes no era así, tú entrabas a un foro y tratabas de hacerte amigo de los de allí. Pero al pasar los años parece ser que la gente se ha ido «avergonzando» de esta amistad en red (probablemente por críticas desde su entorno físico, que no comprende esto), han querido limitar la amistad (y el amor) al mundo físico y han hecho de Internet un lugar donde las personas son tratadas como medios, no como fines, son instrumentalizadas.
Y no hace falta haber estado toda la noche del jueves pasado estudiando el amor para Filosofía para saber que no considerar a la persona como persona en su conjunto es caer en un reduccionismo irreal que no se puede adoptar en la práctica.
Una vez dejado claro que las relaciones por Internet no sólo son posibles sino que son aceptables y positivas quiero plantear la cuestión principal que venía yo a contar: ¿qué diferencia hay entre las relaciones sociales físicas y las de Internet?
He de decir que prácticamente toda mi vida se basa en este cacharro, no salgo con nadie en plan salir, los amigos de la vida real se limitan a los contactos en el colegio y luego en el MSN (donde paso bastante de ellos, porque hay gente bastante más interesante), y dada mi asocialidad latente yo me encuentro bien así. Vale, a veces me aburro más que un etarra el día del padre, pero bueno, siempre tengo algo que hacer, o que leer, o lo que sea. Aquí en Internet están mis mejores amigos (aunque ni siquiera aquí soy demasiado sociable), y esto que a tanta gente le parece tan triste yo lo veo muy natural y normal.
Está claro que el mundo físico suele ser más divertido que Internet, las relaciones sociales son más intensas y completas, se comparten más cosas, etc. Sin embargo Internet también tiene su chicha. Texto escrito, vídeos, música y demás multimedia, cultura friki, etc. son una base válida para las relaciones, diferente y más incompleta, pero válida e interesante. En Internet te pones en contacto con gente de tus mismos gustos y cualidades en un par de clics. La gente suele ser más interesante, además de que es un medio más perfecto para transmitir información. Pero es aburrido. Y mal visto socialmente. Y creo que este es un punto trascendental: el que tiene amigos por Internet es el marginado y el amargado, el que es excluido en el mundo físico y se construye su vida a medida en Internet; se convierte esta ventaja de la red en signo de una vida pobre e infeliz. Hace poco en un foro una bicha me puso a parir apoyándose en este argumento. Me gustaría saber cuánto tiempo tendrá que pasar hasta que esto deje de ser así, y la situación se acepte y normalice.
Pero bueno, en lo que quería hacer hincapié, más que en las diferencias, es en la base común. Detrás de un cuerpo humano y detrás de un nick y una cuenta de Tuitis hay lo mismo: una persona. Una persona completa, como comenté al principio. Con sus planos intelectivos, sensitivos, emocionales, afectivos. Un individuo singular y único, pero igual a todos los demás en dignidad. O sea, que la persona que conoces en el plano físico no es superior o más persona que la que conoces en Internet, aunque puedas apreciar en menor grado su personalidad. Y puesto que son tan persona la una como la otra, ambas son merecedoras de esos lazos que nos unen: la afectividad.
Más de uno estará pensando «toma ya, Harad ha caído en la ola cursi que arrasa en la blogosfera», y yo digo que no, que voy a ser analítico. Para colgar pasteles pseudoprofundos me abro un Fotolog (otro, quiero decir).
En fin, esta condición de personas de los usuarios de Internet hace que entre ellos sea posible la creación de lazos afectivos. De amistad, y de amor.
Mucha gente piensa que enamorarse por Internet es imposible. Yo digo que depende de tu actitud. Si, como yo, tomas a los usuarios como personas completas, confirmo que sí, es posible. Y es una putada, además. Porque el eros, el amor entre hombre y mujer (sí sí, haced las permutaciones que queráis con los sexos que yo no tengo ganas de correctismos), necesita del plano físico para desarrollarse. Es así, una relación sin miraditas, manitas y baboseos no es una relación plena, las funciones intelectivas (en las que se basa casi por completo la comunicación en la red) se quedan muy cortas para expresar estos sentimientos, y por lo tanto una pareja estable y satisfecha sencillamente no es posible.
Y sin embargo, es posible formar ese sentimiento, aunque no se llegue a realizar, porque las personas no se enamoran de un cuerpo, de una sensación, ni siquiera de unas cualidades o capacidades; se enamoran de lo más básico de la persona, esa individualidad constitutiva, eso que nos hace personas en sí. Dentro de esta interioridad están las cualidades más básicas que conforman la personalidad, que es, al fin y al cabo, lo que trasciende y te identifica, y lo que nos une en enlaces afectivos.
Esto no se aplica sólo para mí, que soy un bicho enfermo. Conozco casos en los que los tortolitos eran gente más o menos normal, pero que encontraron a su pichoncito por aquí. Qué leches, ella es el claro ejemplo de que se puede tener una vida social totalmente plena en el mundo físico y querer por Internet. Pero voy a remarcar que estas relaciones, sobre todo para los que, como nosotros, no podemos vernos ni de vez en cuando, son una verdadera fuente de angustia, es como tener hambre, tener comida delante y no poder comerla, es una necesidad que ves irremediablemente insatisfecha, permanentemente.
En fin, yo lo que quería con esta entrada era dar mi visión global de las relaciones por Internet y que vosotros dieseis la vuestra. Y para terminar de cargarnos la cosa voy a ilustrar todo el asunto con esta simpática a la par que cutre caricatura:

Por cierto, aun siendo una frustración y una impotencia enorme, declaro que enamorarse es lo mejor que le puede pasar a uno en la vida. (¿Dije que no iba a ser pasteloso?
)
Enciendo el Mac, si está apagado. Pincho en el Dock, Firefox, Adium y Coda. Comando+espacio, «tw», abro Twitterrific. Comando+shift+R en Adium, contraseña del MSN. Barra de marcadores de Firefox, Google Reader. Comando+T. HamsterForo.com. Comando+T. Frikis.CulturaFriki.es/WP-Admin. Comando+T. Solo.Infames.org. Control+tab, echo un ojo a los feeds, unos cuantos posts nuevos. Control+tab, algunos posts intranscendentes en el foro, quizá alguna duda técnica, paso de ella, a pesar de ser administrador. Ningún comentario en el blog. Cinco comentarios ligeros en el blog infame. Comando+espacio, «ma», Mail. Ningún email nuevo.
Miro en profundidad los feeds. Vuelvo a echar un ojo al foro. Vuelvo a comprobar comentarios. Tripitrín, tuits nuevos. Tuiteo algo. Abro el Coda, escribo un par de líneas más en el proyecto, quizá cambio algo, empiezo una función o clase. Feeds. Foro. Comentarios. Post al azar. Alexliam.net. Llega ella, «hey, aiyap ^.^». Una hora, dos, hablando a trompicones, no estoy inspirado. Mientras, post en el foro, tres líneas, comentario nuevo, ¡oh!, bueno, era corto, post nuevo en Microsiervos. Bucle, bucle. Se va. Tripitrín. Tripitrín. Barrapunto, Meneáme. Foro, comentarios, feeds, foro, comentarios. Menéame. Comentarios de Menéame. Post al azar. Foro. Comentarios. Tripitrín. Bucle. Bucle. Wikipedia, Hitler, o Lenin, o Guerra de los Treinta Años. Bucle. Bucle. Decido dormir.
Se busca vida. Interesados dejar sus datos en los comentarios. Gracias.
Los que tengáis una cuenta de Tuitis habréis recibido alguna vez (o no) ese simpático email en el que te avisan de que alguien te followea, con ese animoso título («Enrique Dans is now following your updates on Twitter!», reza mi último) y ese amistoso texto en el que te invitan a followearlo también.
Esto en el mundo material viene a ser que un tío (o una tía) que acabas de conocer se te acerque sonriente, te dé una palmada y te diga «qué pasa, tío, me caes bien, colega, que ya nos veremos o algo». Puede que las intenciones de followear sean otras, como que le es interesante lo que dices, por ejemplo, pero en el followeado la reacción es la misma, subida de ego porque alguien te considera digno de ser followeado.
Pero bueno, pasa el tiempo y el que te followeó en su día te desfollowea ahora. Esto es perfectamente válido, cada uno followea sin compromiso a quien quiera. Ahora bien, lo que me parece mal del Tuitis este es que no te avisa cuando alguien te desfollowea. Esto entre robots desalmados puede estar bien, pero nosotros somos personas, y es muy normal que te intereses de aquel que se interesa por ti, es decir, que followees a los que te followean. Ahora, si estos que te followean dejan de followearte deberías al menos saberlo, ya que les estás followeando porque te followean. Y si dejan de followearte, quizá tú también preferirías dejar de followearles a ellos. Y aunque esto no fuera así, aunque no se diera esta reciprocidad, si supiste que en un momento fuiste interesante para una persona, también deberías saber que dejas de ser interesante para ella.
Pues bien, como yo soy un tío de principios y las limitaciones técnicas del Tuitis me resbalan, he decidido (bueno, decidí en su día) avisar cuando desfollowee a alguien. Al principio lo hacía por simples tuits directos, pero como alguno se me cabreó (y ahora no puedo volver a followearle porque quedaría como el cínico que soy) he elaborado una plantilla de email, basada en la de «is now following you», para hacer el proceso más frío, sin necesidad de explicaciones (sí, así de paradójico soy a veces).
Asunto: [tunombre] is _no longer_ following you on Twitter!
Hi, [nombredelavictima].
[tunombre] ([tunombredeusuario]) is _no longer_ following your updates on Twitter.
Check out [tunombre]’s profile here:
http://twitter.com/[tunombredeusuario]
You may stop following [tunombre] as well by clicking on the “remove” button.
Best,
Así que si alguien se quiere unir a la causa bienvenido sea. Mientras, habrá que seguir cacharreando con Tuitis para que te diga quién te followea de los que followeas y quién no. Ya hablaré de mis trapicheos por aquí.
Actualización: he recibido mi primer mensaje de followeo desde Jaiku Cisco Jisko, así que aquí tenéis la versión para este clon derivado alternativa proyecto inspirado en Tuitis.
Asunto: [tunombredeusuario] _ya no_ te sigue en Jisko
¡Malas noticias, [nombredeusuariodelavictima]!
[tunombredeusuario] ha dejado de seguir las actualizaciones de tus notas.
Si deseas devolverle la acción, simplemente accede a su perfil y haz clic en “No seguir”.
Aunque como este es un proyecto libre y comunista y grimpislimpis lo sugeriré en el patio de recreo la lista de correo.
La tendencia de una persona a cantar simultáneamente lo que emite la radio es inversamente proporcional a la habilidad cantarina de la persona en cuestión.
Sufrido en: el coche, cuando voy con mi cuñá, mi primo o mi hermano.
Y no, no podéis pedirme más después de ¿cuánto? sin actualizar (no, los Lunes no cuentan). Pero gracias por seguir ahí, si es que FeedBurner no se inventa los datos, lo cual estoy considerando seriamente.
Esta entrada me va a costar horrores escribirla, si conseguís leerla y queda medio coherente podéis felicitarme por mi gran gesta (adoro esa palabra). Nada más poner el título me ha dado un escalofrío de repulsa, y voy a estar en el mismo estado durante todo el rato que estoy escribiendo. Tanto la palabra olor como sudor me resultan, no feas, sino directamente asquerosas, y lo que significan también. Pero tengo que contarle al mundo mis inquietudes, así que me aguantaré.
El hombre es un mamífero, y por lo tanto suda y el sudor acumulado huele mal (lo conseguí, vamos Shock, sigue). Esto hoy en día no tiene más importancia, uno se ducha y tal y ya está aséptico y apto para todo tipo de relaciones sociales de nuevo.
Pero hay una cuestión que me reconcome por dentro: si hoy en día oler mal supone el rechazo social, hace de cincuenta años para atrás, cuando la gente no tenía acceso a esta higiene, qué papel jugaba este hedor entre las relaciones personales? O dicho en román paladino: ¿por qué había parejas si la gente daba asco?
De aquí yo puedo sacar dos respuestas:
La gente no se daba asco. El tema del olor o bien pasaba desapercibido o bien era percibido alegremente, es decir, no como algo desagradable, sino como una característica más de la persona, ni buena ni mala. Pero entonces, ¿hoy en día por qué no se toma así la cosa?
La gente se aguantaba. Sí, la gente olía asquerosamente mal pero bueno, era algo con lo que había que tragar si querías ser feliz y tal. Esta no me convence demasiado, la idea de estar condenados de por vida a oler a la gente no me parece coherente, sería una fuente de repulsión entre la especie. Además, por lo que se lee la gente no trataba de evitar el contacto con los demás, así que desagradables no creo que fueran; pero esta sí que encaja con la situación actual.
Aparte de esta cuestión, como ya he dicho, el olor actualmente supone un rechazo social; es decir, una característica propia de nuestro cuerpo se convierte en un problema que hace que la gente no se acerque a ti (hermosas damiselas o apuestos caballeros incluidos). Es decir, si haces alguna función propia de nuestra condición de seres corpóreos, tales como correr, o talar árboles, o lo que sea, luego te vas a acomplejar porque vas a oler mal y la gente no se va a querer arrimar a ti, y no vas a recuperar la normalidad hasta que no caiga sobre ti el zumo de alcachofa. Esta realidad me parece tristemente lamentable; vamos a ver, ¿por qué tenemos que rechazar a la gente que no ha hecho nada malo, ni anormal, sino que simplemente ha realizado actividad física como mamífero que es?
Lo que yo propongo es que hagamos un propósito colectivo de ignorar el olor corporal, hacer como si no lo oliésemos, y así todos podamos hacer cosas sin andar luego acomplejados, lo que no quiere decir que luego no te duches y tal, pero que no condicione de ninguna manera la relación entre dos personas.
Pues bueno, la típica llamada a los comentaristas, a ver si me resolvéis la duda esa de los tiempos remotos, porque cada vez que leo o veo en una película o lo que sea que un bizarro caballero (bizarro a l’arpañola, no a la guiri), tras llevar a cabo sus afamadas gestas, va corriendo hasta su dama (igualmente hedionda) y se funde con ella en un abrazo de oso amoroso asqueroso, se me cae el alma a los pies.
[...] Generalmente se hablará de Linux/informática, proyectos propios, alguna reseña de lo que sea... pero, en realidad, cualquier frikada tiene cabida aquí. [...]